Colgar un cuadro parece de las cosas que no tienen misterio, hasta que uno se aparta tres pasos y ve que ha quedado alto. Lo mismo pasa con el televisor que obliga a estirar el cuello toda la película, con la barra de cortina que deja la ventana más baja de lo que es, o con la balda que se vence por el frente al segundo mes.
Casi todo se resuelve con media docena de medidas y con saber qué hay detrás de la pared. Lo primero son centímetros y se aprende en diez minutos. Lo segundo es el anclaje, y ahí es donde se decide si la pieza sigue en su sitio dentro de diez años o acaba en el suelo una tarde de limpieza.
En las mudanzas vemos las dos caras del asunto. Entramos en casas donde hay que descolgar cuarenta cuadros, numerarlos y volver a dejarlos como estaban en el piso nuevo, y entramos en vestíbulos de oficina a montar una pieza de dos metros entre cuatro personas, con nivel láser y el suelo protegido. Las medidas son las mismas en los dos sitios. Lo que cambia es el margen de error que uno se puede permitir.
Abajo están las alturas que usamos, el anclaje que corresponde a cada tipo de pared y el orden de trabajo que seguimos en un montaje. Un aviso antes de empezar: todas las medidas se toman desde el suelo acabado, nunca desde el techo ni desde el rodapié.
De dónde sale la altura de 145 cm

Es la altura a la que los museos sitúan el centro de las obras. Parte de la estatura media y de la altura a la que queda la vista de una persona de pie, que ronda los 150 cm. Colgando el centro de la pieza un poco por debajo, la obra se mira cómoda tanto de pie como sentado.
El error más repetido en casa es colgar demasiado alto. Pasa porque uno levanta el cuadro con los brazos y lo deja donde le resulta fácil sujetarlo, que son veinte centímetros por encima de donde debería ir. Si entra la duda, baja.
Para calcular dónde va el clavo cuando el cuadro cuelga de un alambre, hay una cuenta sencilla:
- Mide la altura total del cuadro y divídela entre dos.
- Suma 145.
- Tensa el alambre hacia arriba y mide cuánto queda desde el borde superior del marco hasta el punto donde hará fuerza el gancho.
- Resta esa distancia al resultado anterior. Ahí va el gancho.
Con un cuadro de 70 cm de alto cuyo alambre tensa 6 cm por debajo del marco: 35 + 145 = 180, menos 6, el gancho va a 174 cm del suelo.
Tabla de alturas
Esta es la chuleta. Debajo va el detalle de cada caso, y para cuadros, espejos, televisores y cortinas, un esquema con las medidas. Al pulsar en un esquema se abre a tamaño completo.
| Qué se cuelga | Altura de referencia | A tener en cuenta |
|---|---|---|
| Cuadro o espejo solo, en pared libre | Centro de la pieza a 145 cm | Con techos de más de 3 m sube a 150 o 155 cm |
| Cuadro sobre sofá o aparador | Borde inferior entre 15 y 25 cm por encima del mueble, 20 como referencia | El cuadro ocupa dos tercios del ancho del mueble |
| Cuadro sobre cabecero | Borde inferior entre 20 y 30 cm por encima | Mismo criterio de dos tercios |
| Composición de varias piezas | Centro del conjunto a 145 cm | De 5 a 8 cm entre marcos |
| Obra de más de 3 m de alto | Borde inferior a unos 30 cm del suelo | Con esas dimensiones la regla del centro deja de servir |
| Espejo de recibidor | Centro entre 155 y 160 cm | Se mira de pie, por eso va más alto |
| Espejo sobre lavabo | Borde inferior entre 15 y 20 cm por encima de la encimera | |
| Televisor en salón | Centro de la pantalla entre 100 y 110 cm | A la altura de los ojos sentado |
| Televisor en dormitorio | Centro entre 120 y 135 cm | Se mira desde la cama, con la vista más alta |
| Pantalla en sala de reuniones | Borde inferior entre 105 y 120 cm | Para que se vea por encima de quien esté sentado delante |
| Cámara de videoconferencia | Entre 105 y 120 cm | A la altura de los ojos de quien está sentado, para que no grabe desde arriba |
| Panel de reserva de sala | Centro entre 120 y 140 cm | Si tiene que ser accesible, entre 80 y 120 cm |
| Barra de cortina | De 10 a 15 cm por encima del marco de la ventana | La barra sobresale de 10 a 20 cm por cada lado |
| Estor | Dentro del hueco, o 5 cm por encima del marco | |
| Balda sobre un escritorio | De 40 a 45 cm por encima del tablero | |
| Lámpara colgante sobre mesa o isla | Borde inferior entre 75 y 85 cm por encima del tablero | Se ve la cara de quien está enfrente y no deslumbra |
| Colgante en zona de paso | 210 cm libres por debajo como mínimo | Con techos de más de 2,60 m se puede subir |
| Aplique de pared | Entre 150 y 160 cm | |
| Reloj de pared | Entre 180 y 200 cm | Por encima de la línea de visión |
| Perchero de pared | Entre 165 y 170 cm |
Cuadros
Una pieza sola
Centro a 145 cm y el resto se resuelve con el ancho. Un cuadro pide pared a su alrededor: si la pared mide menos de metro y medio, una pieza grande la ahoga. En pasillos estrechos funcionan mejor varias piezas pequeñas a la misma altura que una grande.
Con piezas grandes la regla del centro se queda corta y conviene pensar en el punto donde cae la mirada. Un criterio que usan galeristas e interioristas es dividir la obra en tres franjas horizontales y colocarla de forma que la vista quede en el tercio superior. En un cuadro de dos metros de alto, eso deja el centro geométrico bastante más abajo de 145 cm, y aun así se mira bien.
Por encima de los tres metros de alto deja de tener sentido buscar un punto medio: la obra se coloca con el borde inferior a unos 30 cm del suelo y se acabó.
Hay un detalle que distingue una pared bien resuelta: la pieza no se centra en vertical respecto a la pared. Conviene dejar algo más de aire por debajo que por arriba. El ojo percibe como centrado lo que está ligeramente por encima del centro real, y una obra centrada con el metro parece caída.
Y una decisión que se toma una vez y vale para toda la casa: elegir una altura de centro y respetarla en todas las habitaciones. Cuadros a distinta altura en salas contiguas desordenan más que cuadros torcidos.
No todo tiene que colgarse. Una obra apoyada sobre un aparador, sobre una balda o directamente en el suelo contra la pared funciona bien, se cambia de sitio sin herramientas y es la solución razonable mientras uno decide. Si la pieza pesa y va a quedarse ahí, se ancla por arriba a la pared para que no vuelque.
Encima de un mueble
Aquí manda el mueble, no la regla de los 145 cm. El cuadro se mira junto con el sofá o el aparador, así que lo que tiene que cuadrar es la relación entre los dos.
El ancho del cuadro ronda los dos tercios del ancho del mueble. Con un sofá de 210 cm, un cuadro de entre 130 y 150 cm. El hueco entre el respaldo y el borde inferior del cuadro, entre 15 y 25 cm, con 20 como referencia. Menos de 15 y parece que se apoya; más de 30 y los dos elementos dejan de leerse juntos.
Sobre una cómoda o una consola el hueco baja a 15 o 20 cm, porque son muebles más bajos y la distancia se nota más.
Composiciones de varias piezas
La clave es tratar el conjunto como si fuera un solo cuadro. Se dibuja el rectángulo que ocupan todas las piezas juntas y ese rectángulo lleva el centro a 145 cm.
La separación entre marcos va de 5 a 8 cm. Con piezas grandes se puede llegar a 10, pero por encima de eso el conjunto se desarma y se ven cuadros sueltos en vez de una composición.
Dos consejos que ahorran agujeros. El primero, montar la composición en el suelo antes de tocar la pared y moverla ahí hasta que convenza. El segundo, recortar en papel de embalar la silueta de cada marco, pegarla con cinta de carrocero y mirarla un rato desde la puerta de la habitación. El papel se mueve en dos segundos; un taco mal puesto, no.
Si las piezas son de tamaños distintos, alinear por el eje horizontal central de la fila da un resultado más tranquilo que alinear por arriba o por abajo. En una retícula de piezas iguales, al revés: se alinea todo y la calle entre marcos tiene que medir lo mismo en vertical y en horizontal.
Hasta aquí las medidas. El criterio de qué colgar y con qué combinarlo ya es otra conversación, y vale la pena leer a quien se dedica a eso: en AD, la arquitecta Teresa Sapey y el arquitecto Jean Porsche explican cómo exponer obras en casa y por qué lo importante no es el tamaño perfecto sino la armonía del conjunto.
Espejos
Un espejo no se cuelga para mirarlo, se cuelga para mirarse, así que la altura la marca la cara y no el centro de la pieza.
En un recibidor, el centro va entre 155 y 160 cm. En un vestidor, lo que importa es que la persona más alta de la casa se vea entera: si el espejo mide menos de 140 cm de alto, conviene apoyarlo en el suelo y anclarlo a la pared por arriba en lugar de colgarlo.
Sobre el lavabo, el borde inferior queda entre 15 y 20 cm por encima de la encimera, y el espejo no debería ser más ancho que el mueble. Si hay apliques a los lados, van a 165 o 170 cm, que es donde dan luz a la cara sin deslumbrar.
Un espejo pesa bastante más de lo que parece. Un espejo de 100 por 70 cm con luna de 5 mm ronda los 9 kg, y con marco de madera maciza se va a 15. Eso ya pide dos puntos de anclaje y, si la pared es de pladur, perfil metálico o anclaje de vuelco.
Televisores y pantallas
En casa
La altura de un televisor no se decide por estética sino por el cuello. El centro de la pantalla tiene que quedar a la altura de los ojos de quien la mira sentado, que en un sofá normal está entre 100 y 110 cm del suelo.
Eso choca con la costumbre de ponerlo encima de la chimenea. Un televisor sobre la chimenea suele quedar a 140 o 150 cm de centro, y obliga a mirar hacia arriba durante dos horas. Si no hay alternativa, al menos conviene un soporte con inclinación de 10 o 15 grados.
En el dormitorio sube, porque se mira medio incorporado desde la cama: centro entre 120 y 135 cm.
La distancia también cuenta. Para una pantalla 4K, el sofá se coloca a una distancia de entre vez y media y dos veces y media la diagonal. Con un televisor de 65 pulgadas, que mide 165 cm de diagonal, eso son entre 2,5 y 4 metros.
En una sala de reuniones

Aquí el criterio cambia: lo que manda no es la altura de los ojos, sino que la parte baja de la pantalla no quede tapada por la cabeza de quien se sienta delante. El borde inferior va entre 105 y 120 cm, que deja el centro alrededor de 150 cm en una pantalla de 65 pulgadas.
Dos cosas que se olvidan al montar salas. La primera, prever por dónde salen los cables antes de taladrar, porque pasar el HDMI después obliga a abrir rozas o a dejar una canaleta a la vista. La segunda, comprobar quién se sienta en la cabecera: si la mesa es larga, la persona del extremo más alejado tiene que leer el texto de una presentación, y eso limita el tamaño de pantalla más que el presupuesto.
El soporte se elige por el estándar VESA de la pantalla, que viene en la ficha del fabricante y son los cuatro agujeros de la parte de atrás. Los tornillos que trae la caja del soporte sirven para unir el soporte a la pantalla; para unir el soporte a la pared hay que elegir el anclaje según lo que haya detrás.
La cámara de videoconferencia merece una decisión aparte. Va a la altura de los ojos de quien está sentado, entre 105 y 120 cm, justo debajo de la pantalla o sobre la mesa, según el modelo. Montada arriba del todo graba a todo el mundo desde el techo, y al otro lado de la llamada se ve una sala de coronillas.
El panel de reserva que va fuera de la sala se mira de pie y se toca, así que el centro queda entre 120 y 140 cm. Si el edificio exige que sea accesible, la franja baja a entre 80 y 120 cm, que es la altura que el CTE fija para los mecanismos de mando y control en su Anejo A.
En una mudanza de oficinas estas medidas se deciden antes de entrar, con el plano de la planta nueva delante, no el día del traslado.
Cortinas y estores
La cortina es lo que más cambia una habitación por poco dinero, y casi siempre se cuelga mal por dos motivos: la barra va demasiado baja y es demasiado corta.
La barra se pone entre 10 y 15 cm por encima del marco de la ventana. Si el techo está a menos de 30 cm del marco, mejor llevarla directamente a 5 o 10 cm del techo: la ventana parece más alta y la habitación también.
El ancho de la barra sobresale por cada lado del hueco. El mínimo que se suele dar son 8 o 10 cm, pero con eso la cortina recogida sigue comiendo cristal. Si hay pared, 15 o 20 cm por lado: la cortina abierta se queda sobre el muro y entra toda la luz.
La tela tiene que ser más ancha que el hueco para que haga pliegue. De dos a dos veces y media el ancho de la barra es lo normal; con menos de dos la cortina queda estirada y se nota que falta tela.
De largo hay tres opciones que funcionan: a ras de suelo, a un centímetro del suelo, que es lo más práctico si se abre y cierra a diario, o con cinco o diez centímetros de más para que repose en el suelo. Lo que no funciona es quedarse a media pantorrilla.
Los estores van dentro del hueco si la ventana tiene jamba suficiente, o cinco centímetros por encima del marco si se montan por fuera. En ventanas que abren hacia dentro hay que medir el saliente de la manilla antes de decidirlo, porque un estor montado dentro del hueco puede impedir que la ventana cierre.
Baldas, apliques, relojes y percheros
Una balda sobre un escritorio va entre 40 y 45 cm por encima del tablero. Menos y no cabe un monitor debajo; más y hay que levantarse para alcanzarla. En una pared libre, la primera balda se sitúa a la misma altura que un cuadro, con el centro alrededor de 145 cm, y de ahí hacia arriba o hacia abajo cada 30 o 35 cm.
El punto que falla en las baldas no es la altura sino el voladizo. Una balda de 25 cm de fondo con soportes ocultos aguanta libros; una de 40 cm con los mismos soportes se vence por el frente. Si el fondo pasa de 30 cm, soportes vistos o escuadras. El montaje de baldas y muebles tiene su propia maña, y lo contamos en la entrada sobre desmontar y montar muebles.
Los apliques de pared van entre 150 y 160 cm en un pasillo o un salón. A los lados de un espejo de baño suben a 165 o 170, a la altura de la cara. En un cabecero bajan a 110 o 120 cm sobre el suelo, que es donde iluminan un libro sin dar en la cara del que duerme al lado.
Las lámparas colgantes tienen su propia medida. Sobre una mesa de comedor o una isla de cocina, el borde inferior de la pantalla queda entre 75 y 85 cm por encima del tablero: lo bastante bajo para iluminar la mesa y lo bastante alto para ver la cara de quien está enfrente. En una zona de paso, lo que manda es la cabeza: 210 cm libres por debajo como mínimo.
Con las lámparas de sobremesa el criterio es el contrario del que se suele aplicar. En un salón, el borde inferior de la pantalla tiene que quedar a la altura de los ojos de quien está sentado o un poco por encima, para que nadie vea la bombilla ni tenga la pantalla tapando la cara del de enfrente. En una mesilla, a la altura de la barbilla cuando uno está sentado en la cama. Y si en la misma habitación hay lámparas distintas, lo que las une es que las pantallas acaben todas a la misma altura.
Dos apliques a los lados de un espejo de baño van separados entre 90 y 100 cm entre sí. En una fila larga de apliques por un pasillo, de 2,5 a 3 metros entre uno y otro.
El reloj de pared es de las pocas cosas que van por encima de la línea de visión: entre 180 y 200 cm. Un perchero de pared, entre 165 y 170 cm, contando que hay que colgar un abrigo largo sin que roce el suelo. Si lo usan niños, una segunda fila a 110 o 120.
Qué anclaje según el tipo de pared
La altura se corrige con un agujero más. El anclaje equivocado, no: cuando cede, se lleva por delante la pieza y un trozo de pared.
Lo primero es saber qué hay detrás. Se golpea con los nudillos: si suena macizo y apagado, es ladrillo lleno u hormigón; si suena a hueco, puede ser ladrillo hueco o placa de yeso. Para distinguirlos, se taladra un milímetro con una broca fina y se mira el polvo. El polvo rojizo es ladrillo; el polvo blanco y fino, yeso laminado.
| Pared | Qué se usa | Peso orientativo por punto |
|---|---|---|
| Ladrillo macizo u hormigón | Taco de nailon de 6 u 8 mm, broca de percusión | 25 a 40 kg |
| Ladrillo hueco | Taco especial para hueco o anclaje metálico de vuelco | 10 a 25 kg |
| Placa de yeso laminado, al aire | Taco metálico autoperforante | 8 a 15 kg |
| Placa de yeso laminado, carga media | Anclaje metálico de vuelco tipo paraguas | 20 a 30 kg |
| Placa de yeso laminado, atornillado al montante | Tornillo directo al perfil metálico | 40 kg o más |
En pladur, la solución buena casi siempre es la última: localizar el montante metálico con un detector y atornillar a él. Los montantes van cada 40 o 60 cm. Un televisor grande o una balda cargada no deberían colgar de la placa, deberían colgar de la estructura.
El taco de nailon normal no vale en pladur ni en ladrillo hueco. Gira dentro del hueco, no expande contra nada y aguanta hasta que alguien roza la pieza.
Tres reglas que usamos siempre. A partir de 10 kg, dos puntos de anclaje, aunque el cuadro traiga un solo colgador. Cada anclaje se dimensiona para el triple del peso que va a soportar, porque nadie cuelga un cuadro y lo deja quieto: se limpia, se endereza, se le apoya una escalera al lado. Y en piezas anchas, dos puntos separados evitan que se descuadre cada vez que alguien pasa cerca.
Un apunte sobre el taladro: percusión para ladrillo y hormigón, giro normal sin percusión para pladur, azulejo y gres. En azulejo se empieza con broca de cerámica y un trozo de cinta de carrocero sobre el punto para que la broca no patine; una vez pasado el esmalte, se continúa con la broca que pida el material de debajo.
Si quiere afinar más en el herraje, hay guías de fijaciones por material que repasan taco a taco cuál entra en cada pared.
Antes de taladrar

Por las paredes pasan cables y tuberías, y no van por donde uno imagina. La norma de baja tensión fija por dónde pueden discurrir las conducciones eléctricas empotradas, y de ahí salen las zonas que conviene evitar:
- En vertical y en horizontal desde cualquier enchufe, interruptor o punto de luz, una franja de unos 20 cm a cada lado del eje.
- Franjas de 15 a 20 cm pegadas al techo, al suelo y a las esquinas.
- En cocinas y baños, alrededor y por encima de los puntos de agua.
Eso son zonas probables, no garantías. En obra antigua, y en reformas hechas sin plano, los cables van por donde el electricista decidió aquel día. Un detector de metales y cables cuesta poco y se amortiza con un solo susto.
Tres comprobaciones más antes de apretar el gatillo. Mirar al otro lado de la pared: si es una pared de separación fina, un taladro largo puede salir en el dormitorio de al lado. Comprobar el grosor del alicatado antes de elegir el tornillo, porque en un baño el azulejo y el cemento cola suman fácil un centímetro. Y tapar con un trapo húmedo o pegar un sobre de papel bajo el punto, que recoge el polvo y evita media hora de limpieza.
Cómo lo hacemos nosotros

En una vivienda se puede trabajar con un metro y un nivel de burbuja. En un vestíbulo de oficinas con una pieza de dos metros no, porque ahí cualquier desvío se ve desde la calle. Este es el orden que seguimos:
- Proteger. Cartón o manta en el suelo, debajo de toda la zona de trabajo, y los muebles cercanos cubiertos.
- Medir el suelo, no la pared. Un nivel láser de línea cruzada en el suelo da la horizontal real de la sala. Los suelos tienen pendiente y los techos también, así que tomar la referencia del techo acaba en un cuadro que parece torcido aunque esté a nivel.
- Marcar el eje. Se proyecta la línea horizontal a la altura de trabajo y la vertical por el centro de la pieza, y se marca con cinta de carrocero, nunca con lápiz directamente sobre la pared.
- Localizar instalaciones con el detector y comprobar el tipo de pared.
- Taladrar con el polvo recogido y colocar los anclajes.
- Colgar entre dos personas como mínimo. Una pieza de dos metros la mueven tres o cuatro, con guantes de nitrilo y agarrando por el marco, nunca por el soporte ni por el lienzo.
- Comprobar y rematar. Se mide otra vez desde el suelo en los dos extremos, se verifica con el láser y se retira todo.
Obra de arte y piezas de valor

Con una obra cambian las reglas, y la primera es que no se cuelga de una alcayata.
Lo habitual en museos y colecciones es un riel de pared o de techo con varilla y gancho regulable. Se taladra una vez, al montar el riel, y a partir de ahí la obra sube, baja y se mueve de sitio sin volver a tocar la pared. En una sala que cambia de exposición cada pocos meses eso ahorra docenas de agujeros y de repasos de pintura.
Cuando la obra se fija directamente a la pared, se usan colgadores de seguridad en dos puntos, con tornillo de bloqueo para que no se pueda descolgar tirando hacia arriba. En piezas que superan los 30 o 40 kg el soporte se calcula aparte y, si la pared no da garantías, se ancla a la estructura.
Otras cosas que miramos antes de decidir dónde va:
- Separación de la pared. Unos milímetros de holgura con separadores dejan circular el aire por detrás y evitan condensación en la parte trasera del bastidor.
- La pared. Ni muro exterior con humedad, ni encima de un radiador, ni sobre una chimenea en uso. Las oscilaciones de temperatura y humedad hacen más daño que un golpe.
- La luz. Sol directo nunca. La luz artificial entra mejor en ángulo, alrededor de 30 grados respecto a la vertical de la obra, que de frente.
- El paso. Si la pieza está en una zona de paso con carros o maletas, se sube unos centímetros o se protege la esquina inferior.
- La póliza. Muchos seguros de obra exigen que el montaje lo haga una empresa con responsabilidad civil y que quede documentado. Conviene leerlo antes y no después.
En una pieza grande, el traslado hasta la pared pesa tanto como el colgado. Nosotros la movemos embalada hasta el pie del muro, la desembalamos ahí y la subimos con apiladora o con eslingas, nunca a pulso por encima de la cabeza. Es la parte que explicamos en traslado de obras de arte y en transporte de cuadros.
Errores que vemos a menudo
Colgar demasiado alto. Es el más frecuente con diferencia y el más fácil de evitar: si dudas entre dos alturas, la de abajo.
Medir desde el techo. El techo no está a nivel y cada habitación tiene su altura. Todas las medidas, desde el suelo.
Usar el taco que venía en la caja. El herraje que acompaña a un televisor o a una estantería está pensado para una pared genérica, y la pared de cada casa es la que es.
Colgar una pieza pesada de un solo punto. Aunque el fabricante ponga un colgador central, a partir de 10 kg van dos.
Taladrar sin mirar lo que hay detrás. Un cable cortado en una pared recién pintada cuesta más que el detector.
No tener en cuenta el peso real. Un espejo con marco, un televisor de 75 pulgadas con su soporte o una estantería llena de libros pesan bastante más de lo que sugiere el aspecto.
Dejar el cuadro apoyado en el suelo contra la pared mientras se trabaja. Es la postura en la que más piezas se rompen, porque basta que alguien pase y lo roce con el pie.
Cuándo compensa que lo haga alguien de oficio
Un cuadro de dos kilos en una pared de ladrillo lo cuelga cualquiera con un metro y paciencia. Hay cuatro casos en los que no sale a cuenta hacerlo uno mismo.
Piezas pesadas o grandes: un espejo de cuerpo entero, un televisor de 75 pulgadas, una obra que no cabe por la puerta del salón.
Paredes que no son lo que parecen: pladur sin saber dónde están los montantes, tabiques de ladrillo hueco de los años sesenta, muros de piedra o de hormigón armado.
Obra de arte y piezas aseguradas, donde el sistema de colgado y la documentación forman parte de la póliza.
Montajes en serie: una oficina entera con señalética, pantallas en varias salas y cuadros en los despachos. Ahí lo que cuesta no es colgar una pieza, es que las cuarenta queden a la misma altura.
En nuestras mudanzas de piso y de empresa el montaje y el colgado son un servicio opcional: se puede incluir en el presupuesto junto con el traslado, y lo hace el mismo equipo que ha movido los muebles. Si quiere que se lo valoremos, pídanos presupuesto y lo vemos en la visita técnica.
Si prefiere que lo hagamos nosotros
En estos cuatro servicios el montaje y el colgado entran en la planificación del trabajo desde la visita técnica. Antes de llegar ya sabemos qué piezas hay que colgar, en qué tipo de pared, con qué anclaje y a qué altura. El equipo sale del almacén con lo necesario para hacerlo bien a la primera: nivel láser, detector de cables, tacos para cada tipo de pared, colgadores de seguridad y protección para el suelo.
Así no se improvisa con lo que quede en el camión ni se deja un cuadro apoyado en el suelo «para mañana». Cada pieza se descuelga, se numera, viaja embalada y vuelve a la pared en la casa o la oficina nueva. La cuelgan las mismas personas que la han trasladado, porque no subcontratamos personal.
Si tiene algo que colgar, montar o trasladar y prefiere dejarlo en manos de profesionales, puede contar con nosotros. Estos son los servicios en los que lo hacemos a diario:
Para museos, galerías y colecciones. Montaje en riel o con colgadores de seguridad, y cada paso documentado para la póliza.
De un cuadro a una colección entera: embalaje a medida para cada pieza y colgado en la pared nueva, a la altura que toca.
Pantallas de sala de reuniones, señalética y cuadros de despacho. Cuarenta piezas, todas a la misma altura.





